En esta novela, Enrique Ezeta nos sumerge en la psicología del personaje marginado en busca del dinero y el poder. Desde su perspectiva, no encuentra otra manera de romper con el circulo de la pobreza, aceptando lo que le ofrece el mundo, sea bueno o malo. Pero siempre, en esa perspectiva, no cuenta con que él no deja de ser un títere movido por fuerzas externas; así, los personajes que supuestamente lo ayudan, no hacen sino aprovecharse de él. Cuando se da cuenta de esta situación ya es demasiado tarde. Damián Arteaga es víctima, a fin de cuenta, de sus propias decisiones, como lo somos todos.